El analfabetismo, la desocupación, la desigualdad de oportunidades, la miseria constituyen algunas de las causas de la exclusión social. A menudo nos quejamos de que la basura y la suciedad ocupan espacios protagónicos en el paisaje de San Miguel de Tucumán. Se trata, por cierto, de un círculo: el vecino tira residuos a la vía pública o se los entrega a un cartonero. Este que, en muchos casos, se traslada en un vehículo de tracción a sangre, arroja los deshechos en algún basural, un baldío o a la vera del río. Los caballos que tiran los carros, suelen ser víctimas del maltrato de sus dueños y ello genera el enojo de un sector de la sociedad. Esta pequeña historia se repite a diario.

En estos días, llegó a nuestra ciudad un militante de la Asociación Animalista Liberal con la idea de generar conciencia en la clase dirigente sobre la abolición de los vehículos de tracción a sangre en todo el país. Propone llevar un registro de cirujas y de caballos; sustituir el carro y el caballo por un motocarro con buena capacidad de carga y puso como ejemplo la exitosa experiencia de Río Cuarto.

Esta inquietud, por cierto, no es nueva en San Miguel de Tucumán. En diciembre pasado, con la intención de "humanizar" el cirujeo y eliminar la tracción a sangre, el Concejo Deliberante aprobó una iniciativa para que los cartoneros pudiesen tener acceso a créditos sociales para reemplazar sus carros tirados por caballos por motocarros. El proyecto citaba como referencia la experiencia llevada a cabo en la ciudad colombiana de Medellín. En los fundamentos, el edil del FPV proponía que los cartoneros entregaran los animales enfermos al Estado, a ONGs o a particulares, para que estos se ocuparan de recuperarlos y cuidarlos en lugares aptos para que pudieran envejecer y morir con dignidad. En Medellín, el gobierno les había proveído de un motocarro para que siguiesen trabajando y al cabo de pocos meses, los trabajadores habían triplicado sus ingresos y los animales que habían sido recibidos por alguna o entidad se habían recuperado por completo. Se proponía que se efectuase en Tucumán la clasificación de los carreros por actividad, la división por zonas de la ciudad, la generación de cooperativas, así como la articulación con el Ministerio de Desarrollo Social para la obtención de sus vehículos.

En años anteriores, hubo algunos intentos de dar una solución a esta problemática. Según la División de Delitos Rurales y Ecológicos de la Policía provincial, en diciembre de 2007 había unos 600 carros tirados por caballos, de un total de 2.000 que circulaban en el Gran San Miguel de Tucumán. En la provincia, eran alrededor de 14.000 los carros, cifra que equivalía en ese momento al 6% del parque automotor tucumano. En abril de 2008, el titular de esa división de la Policía propuso empadronarlos y estimaba en 5.000 los carros circulantes por el Gran San Miguel de Tucumán.

Muchas propuestas parecen quedar casi siempre a mitad de camino en nuestra capital. Todas deberían incluir como eje la educación y el objetivo fundamental debería ser la desaparición del cirujeo, una tarea que es tan inhumana como el maltrato de los animales. Que tengan un motocarro o un bicicarro es apenas una circunstancia en esta realidad de exclusión social, donde estos conciudadanos no tienen otra posibilidad que buscar su medio de subsistencia en la basura porque carecen de educación, de trabajo y de oportunidades para superar su coyuntura.